sábado, 24 de agosto de 2013

RUMANIA, CASA DE ANA

Teníamos que atravesar toda Rumanía de sur a norte prácticamente en un día porque habíamos quedado con Ana, la joven que trabaja con Adelita, la madre de Alegría, el día 20 de Agosto a las 12 del mediodía. 700 Kms por carreteras convencionales llenas de camiones, atravesando pueblos, con obras, atascos y muchas paradas para gasolina, fotos, compra de la pegatina del peaje, compra de víveres, etc. El primer día después de un porrón de Kms hicimos noche en Cluj Napoca, la ciudad donde vive Rodica, la mujer que trabaja en nuestra casa, en un motel. Caímos en la cama rendidos. Al día siguiente tocaba madrugón porque faltaban unos 150 Kms hasta casa de Ana y queríamos ser puntuales. Lo conseguimos de milagro porque la carretera de montaña atravesaba poblaciones con tráfico colapsado, además te encontrabas con obras y muchas curvas. Llegamos a Repedea, así se llamaba la población de Ana, pero no teníamos la dirección. Sólo su nombre. Preguntando a varios lugareños dimos con otra Ana Smetanca a la que le plantamos dos besos en la seguridad de que era la madre de Ana. Cuando nos dijo que su hija trabajó en España cuidando a un joven nos dijimos: "ésta es la madre, sin duda", pero cuando añadió que su hija actualmente vivía en Francia nos dimos cuenta de que se trataba de otra persona. Mucha risa. Sin embargo ella misma nos indicó la casa de la auténtica Ana. Estaba a escasos 300 metros.  

Vista de Repedea desde la montaña
La casa de Ana, prácticamente acabada

Repedea es una población del norte de Rumanía, muy cerca de la frontera con Ucrania. Está situada en una zona de montaña de extraordinaria belleza. Son los Cárpatos. Es una área protegida, un privilegio vivir ahí. Ana es de ese pueblo, así como su familia. Conocimos a su madre, a su hija, a su marido, a dos hermanas a un cuñado y a un sobrino. Nos atendieron con una generosidad increíble. No nos dejaron dormir de camping en nuestra furgoneta, nos cedieron su cama en la casa nueva, nos invitaron a comer en restaurante tres veces, no nos dejaron pagar absolutamente nada. Además nos llevaron a varios lugares de la zona, incluido el mercado de los miércoles del pueblo de al lado. Bebimos leche de vaca pura, ordeñada por las hermanas y nos dieron huevos de sus gallinas. Tanto a Alegría como a Sofía y a mí nos encanta la vida rural. Haber tenido la oportunidad de conocerla de cerca en Rumanía ha sido un disfrute y un privilegio. Gracias Ana.
Una de las hermanas de Ana con su hijito

Otra hermana de Ana con Sofía. Repedea al fondo

La madre de Ana y su sobrino Sebastian

Sofía, Micaela (la hija de Ana) y Ana en el mercadillo


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