viernes, 23 de agosto de 2013

DE REGRESO A TURQUÍA

Pasamos unos días en la costa del Mar Negro de Georgia, en una población llamada Kobuleti. Lugar de vacaciones para los locales. Turismo extranjero, cero. No pudimos disfrutar de la playa por el tiempo. Llovió de lo lindo. Desde ahí hicimos excursiones a Batumi, interesante ciudad con edificios clásicos y mucha mezcla de gente. Por estar cerca de la frontera con Turquía había bastantes musulmanes. Mucho bullicio y abundancia de casinos. Parece que las autoridades de allí quieren convertir Batumi en una ciudad del estilo a Atlantic City o Macao, el caso es que hay unos cuantos edificios modernos que no merecen más que la demolición. Fachadas acristaladas con adornos dorados, torres horrorosas que desentonan con el resto de la ciudad, edificios de arquitectura moderna junto a antiguos edificios clásicos del siglo 19,…lo de siempre.
Cruzamos la frontera hacia Turquía en un día caluroso con unas colas horrorosas y con los georgianos colándose por todos lados. Educación cero. Todavía lo de formar colas y respetar el orden no ha llegado hasta aquí. Yo pienso: ¿Cómo es posible que un país salga del subdesarrollo si ni siquiera sus gentes saben hacer cola?
Trabzon (Trapisonda) nos encantó. Ciudad costera con mucho ambiente. Nos gustó volver a Turquía con sus mercados, sus comidas, sus multitudes y con los turcos, amables, serviciales y generosos. Coincidimos con la fiesta del fin del Ramadán. Fue un espectáculo ver cómo la gente esperaba en las terrazas de los restaurantes la llamada del muecín de la caída de la tarde indicando el fin del ayuno. Al finalizar el rezo que se oía a través de los altavoces de las mezquitas el público se lanzó a comer con ganas, las ganas que dan más de 12 horas sin probar bocado. Fue curioso.

Coreana simpática que conocimos en Trabzon. Intercambiamos direcciones
De camino a Estambul paramos en Sofronbulu, antiguo pueblo medieval que recibe su nombre del azafrán (Sofron), producto a cuyo cultivo se dedicaba hace muchos años. Las casas eran de madera y adobe con las vigas a la vista. Es conjunto era espectacular, no en vano es Patrimonio de la Humanidad (UNESCO).

Recogimos a Sofía en Estambul y al día siguiente entramos en Bulgaria, a pasar unos días en la playa.

Este paisano lo conocimos en un transbordador de Estambul . Marino retirado, nos contó mil historias

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